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16.6.08

El aroma de los corchos

El aroma de los corchos

Cuando abrimos una botella de vino solo pensamos en el contenido y no en el objeto que tapa tan preciado elemento.
Lo que más ansiamos es desprendernos de ese obstáculo lo antes posible, y si puede ser, sin grandes problemas. Sin embargo, lo que muchos no sabemos, es que para conocer cómo es un vino lo mejor que se puede hacer es comprobar el estado del corcho, ya que nos aporta importante información sin tener que probar ni siquiera un solo sorbo del elixir de los dioses.

El tamaño, el olor y el color son algunas de las pautas que lleva implícito el corcho y con sólo fijarse en ellas, sabremos si el vino que hemos abierto merece la pena ser consumido. Esta tarea no es difícil, porque aunque lógicamente, no todos los corchos son iguales, sí reaccionan de igual forma cuando entran en contacto con el vino.

Vaya a modo de ejemplo algunas particularidades que podemos encontrar.

• Si aparece casi limpio, solo con un sabor levemente rosado (en el caso de los tintos) o amarillento ( en el caso de los blancos) y con un aroma apenas percibible, es un vino joven en condiciones de ser bebido, del que no esperaremos grandes acontecimientos.

• Por el contrario si la impregnación del vino en el corcho es mas oscura y profunda y su aroma es contundente, estamos ante un vino de guarda que necesitará decantador y aireación y seguramente este vino nos traerá un sinnúmero de experiencias gustativas y olfatorias que no podremos olvidar fácilmente.

• Finalmente y sin ser exhaustivo, un corcho teñido firmemente por los taninos del vino y con algunos cristales de depósito nos habla de un vino que probablemente haya pasado de su mejor tiempo de ser bebido, con lo cual lo cataremos con mucha precaución.

De Aquí que el corcho tiene que ser extraído sin roturas y analizado con vista y olfato para ir previendo que vino estamos a punto de degustar y evitar las malas sorpresas que en este arte nunca son agradables.

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